"Canutos", Prensa, y el COVID-19
Escándalo ha generado en los medios los reiterados casos de
irresponsabilidad de la Iglesia Evangélica frente al manejo de la pandemia.
Dada mi profesión de fe evangélica y mi gran valoración de estas iglesias
respecto de su obra espiritual y social en Chile y el mundo, es que me gustaría
hacer una revisión de algunos de los episodios más icónicos en que estas se han
visto relacionadas las últimas semanas.
Sorpresa causó hace
poco más de una semana el “regreso” de Ricardo Cid a su oficio y la televisión una
vez que se diera a conocer que éste se hallaba realizando cultos en un recinto
privado en la comuna de la Pintana, congregando casi 50 personas desde el 29 de
Marzo hasta la semana pasada en plena crisis sanitaria por el Covid-19. En los
videos de sus ceremonias se pueden visualizar niños y adultos mayores, mucho
contacto físico y ningún tipo de medida preventiva de contagios . El polémico historial del
“Pastor Cid” puede que ya lo conozca. Estuvo preso hasta el año pasado tras ser
condenado por delito de abuso sexual contra un menor de 17 años y ahora, luego
de haber obtenido el beneficio de la libertad condicional, vuelve a las pantallas por presidir cultos sin medidas
de seguridad y rozando el número máximo de personas para realización de eventos
masivos dada por el gobierno (50 personas). Triste noticia ha sido para los
evangélicos este hombre y su impacto público.
Por su parte, Javier
Soto, también ha reaparecido en estos días. Esta vez por su canal de Youtube y
siendo cuarto trending topic en
Twitter por la viralización de su llamado a que “los pastores y evangelistas a salgan
a las calles, no se queden en sus casas, y prediquen” y que no se escondan como
“ratas cobardes”.
Personalmente creo que Soto nunca ha estado del todo equivocado. Por un lado, manifiesta
una genuina vehemencia y deseo por la obediencia a Cristo; pero, por otro, su actuar
en variadas ocasiones no se ajusta a lo que Cristo ordenaría. En esta ocasión
creo que dice algo bueno, pero no necesario. Está en lo cierto, tenemos
responsabilidad los creyentes para con las almas que se están perdiendo sin
Cristo muriendo por coronavirus.
Sin embargo, y gracias Dios, hoy tenemos distintos medios para dar testimonio
que, tanto en circunstancias excepcionales como ésta y en circunstancias
normales, pueden ser intencionalmente utilizadas con estos fines (sin mencionar
nuestro testimonio personal). De todos modos, Dios te escuche Javier.
Los casos de
las iglesias de San Pedro de la Paz y Puente Alto, “brotes de contagio” según la
tele, también han generado polémica. El caso de la Iglesia del Nazareno de Boca
Sur ubicada en la comuna de San Pedro de la Paz, pareciera haber sido una imprecisión
periodística del porte de un buque. La iglesia hizo una declaración pública
aclarando que sus cultos habían cesado el 8 de Marzo (Día Internacional de la
Mujer) de manera preventiva, al ser ancianos la mayoría de sus fieles, y la
primera hermana que contrajo el virus dio positivo el día 20 de marzo (12 días
después). Esta, en su
casa, contagió a familiares directos, vecinos y amigos, que, en su mayoría, eran
miembros de la misma iglesia. En definitiva, no hubo tal brote por
irresponsabilidad de la iglesia.
El tema de la
congregación Ministerio Evangelístico Refugio del Espíritu Santo de Bajo de
Mena en la comuna de Puente Alto, cuyo pastor contagiado de coronavirus realizó
un culto "a sabiendas" de ser portador del virus, tampoco fue como se enfatizó en
los titulares. El pastor ofició un culto un día viernes ante cerca de 30
personas en el lugar, que opera como refugio para personas en rehabilitación
por adicción a drogas y alcohol, y en situación de calle. Él sabía que tenía la
sintomatología, pero celebró el culto igual. Ese fue el error. Posteriormente dio positivo por Covid-19
y las 30 personas se hallan actualmente en cuarentena en el mismo lugar.
Estos son
algunos de los casos en que los “canutos” hemos salido en los medios estas
últimas semanas con motivo del coronavirus. Los evangélicos son un movimiento con
denominaciones que difieren en asuntos doctrinales y litúrgicos, por lo que sus
interpretaciones y modus operandi derivados no
son únicos. No todas las apariciones mediáticas son representativas o
expresan la totalidad del pueblo evangélico por tanto. Ciertos casos han sido
sumamente irresponsables, de eso no hay duda. Pero, a su vez, la superficialidad
periodística ha sido notable en este tema. Se entiende que puedan haber líneas
editoriales (que son prácticamente idénticas en los canales nacionales) que no
sean simpatizantes de lo eclesiástico, no obstante se da cuenta de una grave falta de rigor profesional.
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